And Just Like That...nace en un contexto radicamente distinto: tras el #MeToo, la diversificación de los discursos feministas y una mayor conciencia sobre raza, género y edad. La serie continúa la historia, pero es innegable el intento de revisión y justificación del discurso, tratando de contentar a sus fans de siempre, pero también de encajar en su propio tiempo.
Culturalmente, el eje ya no es el sexo, sino el envejecimiento femenino, la pérdida y la reformulación de la identidad en la madurez. Hablar de menopausia, de cuerpos que cambian y de amistades que se redefinen resulta relevante en una industria que suele invisibilizar a las mujeres mayores de 50 años.
La escena del restaurante en la que Carrie come sola y le colocan un muñeco frente a ella es reveladora: incluso hoy, la mujer sola sigue siendo leída como un problema a corregir. ¿Hemos avanzado realmente o solo hemos cambiado la forma de juzgar?
El cierre de la tercera temporada refuerza un mensaje profundamente contemporáneo: no existe una única manera de vivir bien. Charlotte y Lisa eligen permanecer en matrimonios imperfectos. Miranda, tras años de dudas, encuentra por fin el rumbo de su vida junto a otra mujer. Seema se permite amar sin renunciar a sí misma. Y Carrie, una vez más, se reafirma en la idea más radical de todas: estar sola y bien, consigo misma.
And Just Like That… actualiza el legado de la serie original sin idealizarlo. Un happy end clásico, pero en versión renovada. Eso es, fue y será, Sexo en Nueva York.